Juntos salvaremos el Ártico

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jueves, 22 de mayo de 2014

Tulio

Tulio es un loco. Rueda por las luces del bulevar hasta casi llegar al parque 7 de Junio. Entre los tachos que rodean los hostales encuentra su cena. Son las 12 am. Tulio es un loco. Rueda por las luces de la alameda hasta chocar con un sereno. Entre las casas bien iluminadas del distrito Tulio corre por su vida. Son la 1 am. Tulio es un monstruo. Se esconde entre los arbustos que previenen del barranco al mar. Son la 1:30 am. Tulio es diferente. Se levanta y anda sus pies sobre el triste malecón. Entre la vereda y el barranco, Tulio encuentra un pajarillo herido. Lo levanta y lo calienta contra su pecho. Tulio es hermoso. Son las 3:30 am y el sereno lo encuentra. Esconde al pajarillo en un arbusto para que no lo encuentren los malos. Me encuentran, me golpean y me meten al auto porque son malos. Tulio es un loco dicen. Tulio es humano, yo les digo.

Las últimas palabras del otoño

A: Haz escuchado hablar del viento?
B: Sí, dicen que desaparece a los que no existen.
A: Si, como nosotros
B: jajaja, ¿De qué estás hablando hueon? Si nosotros sí existimos.
A: No carajo, solo somos 2 personajes ficticios en una publicación de facebook. Tan vacíos como el corazón de esta hermosamente madita ciudad. ¿Acaso no te haz dado cuenta? Solo mira tu nombre. Mira a tus alrededores. No estamos hablando. Son solo letras escritas sobre la blanca pantalla. No somos más reales que la personalidad del que nos está leyendo del otro lado. La vida ya no tiene sentido.
B: MIERDA tienes razón. ¿¡Y Ahora qué hacemos!? Ahí viene el viento. Tengo miedo.
A: Pues nada amigo, desaparecer. Desaparecer con la frente en alto, mirando al horizonte del oeste. Pero tú, si TÚ, eres real. Tú, ese que me lee. Tú puedes hacer algo. Existe, hermano. Existe por lo que más quieras. Haz algo por este mundo de mierda. Por este mundo hermoso. Que yo soy solo una idea. Soy solo palabras. Quizás, solo quizás. Si tú existes de verdad, y no dejas solo tu vida pasar. Quizás yo exista en tu mente. Y habrá valido la pena. Haber pecado de ingenuo al creer que existí. Así que B, mírame bien. Solo nos queda desaparecer. Y desaparecer. Y desaparecer, desaparecer...



lunes, 28 de abril de 2014

Niebla sobre la ciudad



Mario estaba harto. Caminaba entre las calles ahogadas en gas. Era ese momento sobre la deprimida calle en que no sabía si su lágrimas eran por las lacrimógenas o por ella. Entre el colchón de nubes salió el sol a calentar su delgado polo afranelado de manga larga. Mario quería gritar, pero nadie oiría su llanto. Las calles estaban desiertas. Bajó entre las calles cercanas a la Av. 28 de Julio hasta Larco. Siguió su senda, casi suicida, hacia el ojo de la tormenta: Barranco.

Mario recordaba sus años felices en casa de sus abuelos. Recordaba también a esa niña 7 años menor, que solía hacerlo sonreír. Recordaba los duendes de aquel jardín misterioso que ya nose veía tan grande como hace 15 años. Finalmente el rojo de sus pupilas roció una lágrima sobre sus mejías. Pronto acabará, se repetía. Hoy las calandrias no cantan, solo me ven de lejos, desapareciendo entre la niebla que vuelve desde el mar. Era una niebla empáticamente melancólica, cálida y fríamente suave, con esa brisa que refresca la nostalgia del mar. Los tormentosos pensamientos no dejaban de atormentar su atormentada cabeza mientras la tormenta de niebla y viento batía para atormentar sus cabellos. De pronto, por sobre el blanco confuso del invierno, Mario reconoció los rostros esperanzados de un grupo de activistas.

Caminando volteó hacia Miraflores, desierto del miedo. Ni un alma indiferente a la revolución. Ni un alma con ellos. Ni un alma en los edificios babilónicos. Simplemente todos se habían largado a lugares más "seguros". Presentía no volver jamás. Quizás lo que más le dolía no era el no haberla visto más, sino las insinuaciones de porque ella no estuvo ahí cuando él lo esperaba. De todas formas eso no importaba ya. De todas formas él planeaba morir hoy. La policía paramilitar había tomado Chorrillos. No tardarían en llover en Barranco. Y así lograran sobrevivir, San Isidro no estaba tan desierto como Miraflores.

Suenan las primeros disparos. No de lacrimógenas precisamente. Ests no eran tan pasivos. Mario se ajustaba inútilmente su leal bufanda roja, remojada en vinagre, hacia su fría nariz. La neblina se había intensificado. Ni Mario, ni su gente, ni los perros de la casa abandonada donde se habían atrincehrado podían ver más allá de 20 metros hacia el frente.

Continuará  ;)

jueves, 2 de enero de 2014

El destello de no saber


No se. No se que pasó ni que pasará. Si es que acaso tu sonrisa era para la derecha o para la izquierda. No se si te escribo a ti o a alguien más. No se porque tus cabellos rozaron mi pecho, cuando. Cuando. Cuando mis ruidosos ojos. Cuando mis brillados ojos miraban, y reventaban, y entonces. NO. Mario no puede pensar. No puede recordar. No puede respirar. Ni si quiera puede mirar. Porque Mario, sí ¿Mario? Mario temblaba al ver la explosión. Pero no temblaba de temor, temblaba de emoción. No todos los días del año la luz muere de emoción. Efímero. Así fue. Tan efímero como un fuego artificial. Tan efímero como un cohete ilusionado. Directo para subir a la incierta oscuridad de la última noche. Pero suficientemente ingenua para morir antes de alzar su vuelo. Así era Mario. En ese momento, efímero, Mario recordó que ese momento ya había pasado, yo ya lo había vivido. Solo estaba frente al maldito teclado, de la maldita computadora, en mi maldito sitio web que nadie lee. Nadie excepto Mario, claro. "Claro que es más caro". Por eso a mi teléfono se le acaba la batería en la última noche. Anti publicidad pura.

Quizás piense que soy un imbécil. Quizás piense que soy un gran amigo. Quizás ella, sambullida en la confusión propia de la ciudad de la niebla, se fijó en esa mirada mía (EFÍMERA) sobre el reflejo de sus ojos. Y aquí esta la clave. Yo no miraba sus ojos. Miraba el reflejo de sus pupilas. Lo dejo a tu criterio, si algún día me llegas a leer. Esto lo escribo para la hija de la nieblina y el frío. En la última noche. Viva el che y los rolling stones.

martes, 17 de diciembre de 2013

¿El Bosque?

Corre por tu vida. Eso oía Mario en la canción de AFI que sonaba en sus oídos. Mientras, recorría las húmedas calles de la Lima invernal durante las llovisnas de verano. Era de noche en el Olivar y los duendes se escondían entre los olivos viejos de glorias pasadas. Un bosque en medio de la urbe, un oasis de naturaleza en medio del caos del orden, un refugio de misterios entre el concreto y la estadística. A las 5 am sabes que es peligroso. Ni siquiera Isidro se levanta con sus pantuflas a oler el aroma del viento por la mañana, tan temprano. Pero eso no importa, Mario estaba ahí.

Corrí, lloré, tomé la delantera y tropecé con un árbol. Ahí estaba, tirada en el  piso como yo: una taza crema, demacrada y media rota. No puedo recordar si la guardé o no en mi mochila, solo se que me levanté y seguí. Corriendo en la penumbra de una noche extraña y misteriosa, me iba percatando que el paisaje se diferenciaba cada vez más de un parque, para convertirse en un extenso bosque. Los árboles se volvían sombras con mis pasos apresurados y la luna me servía de sol. Llena. ¿Qué harías tú? En mi lugar yo me diría que no se. Es difícil correr en un sueño cuando vuelves al mismo lugar cada 2 minutos. Entonces, dentro de mi desesperación, vi un arma. Pesada, fría y peligrosa; sentía la pistola con solo verla. Esta sí la tomé. Nunca sabré que peligros puedo encontrar en el camino. Ahora caminaba. No estoy tan desprotegido como antes.


Al final del dolor de mis piernas encontré una pequeña laguna. El agua era cristalina, con una ligera capa de polvo encima. En el medio había un pequeño bote. Yo me lancé a nadar hasta él y reanudé mi marcha en este. Entonces, Mario apreciaba el horizonte. Hermoso, misterioso, perfecto, solitario y romanticista. Sí, como una leyenda de Bécker. Al pisar tierra, subió monte arriba. El monte debió haber sido verde, pero todo se veía ligeramente azulado con la luna brillando. A mitad del camino, había un pequeño muro alambrado y abandonado. La pintura celeste del muro se resistía a desaparecer ante el asedio de los nidos de arañas. La alambrada estaba empolvada e inservible. Medía 3 metros, y yo 1.78. Eso no me detendría. Treparé como pueda, me ayudaré de pequeñas fisuras que de la vejez del muro brotavan y así alcanzé el otro lado. Llegué a la cima solo para apreciar, una ves más, el extraño horizonte. Los lobos aullaban desde el lado que yo dejaba. Salté sin pensarlo hacia el nuevo bosque, tras la muralla. Al final, Mario fue desvanesciéndose con las primeras insinuaciones del amanecer.




lunes, 25 de noviembre de 2013

Revocatoria ¿Derecho, obligación o voluntad?

Últimamente muchos medios de comunicación, incluso en internet, se apresuran por enfilarse en contra de procesos democráticos como lo son la revocatoria, el referéndum, y todo cual quiere que obligue al pobre ciudadano de a pie a levantarse de su cama, soportar el infernal tráfico limeño, y marcar un maldito recuadro en un papel. ¿Y todo para qué? para que, una vez más, un político haragán se digne con nuestro dinero de los impuestos extorsionadores, que desintegran nuestras ansias de individualismo económino (colindante con el egoísmo propio de una cultura alienada al capitalismo industrial). Pero ¿Qué es realmente la democracia y porque nos parece tan mal tener que ir a votar?

La democracia, tal como nos meten en las clases de literatura desde que aprendemos que una "A" dice "A", fue una creación social de los griegos. Sí, los griegos, esos barbones vestidos de sábanas comiendo uvas en una cama de mármol, panza arriba; o levantando el dedo en una construcción estrambótica parecida a un baño lujoso. Pero, volviendo a la democracia, esta planteaba que todos los ciudadanos (ojo, no todos eran ciudadanos) tenían el derecho (pero no la obligación) de votar. Pero, no votar para elegir a un representante nada más, NO. Era votar para tomar TODAS las decisiones importantes del pueblo de manera colectiva. Ahora, tampoco se votaba porque sí. Siembre había un debate de por medio.La gente conversaba, debatía, discutía, gritoneaba y volaban las sillas por encima de las cabezas antes de hacer la votación. Y cuando se hacía, todos los votos contaban por igual. Entre ciudadanos, todos eran iguales. Pasó el tiempo, llegaron lsos romanos, el circo, el imperio, el coliseo, la sangre, el morbo, la jerarquía y Jesús. Vino la edad media, el renancimiento, Da Vinci, Marat, Napoleón, Garibaldi, Hitler, Stallin, Túpac Amaru II (lapsus), Churchill.... y ¿Algo ha cambiado en el discurso democrático no?

Y es que sí pues, la gente ya no vota por ideas, por propuestas, por leyes. En la verdad de la milanesa, TÚ elijes a los de arriba, que te esclavizarán con sus leyes y la policía. Y a cambio ELLOS te regalan una sonrisa, un kilo de arroz, un tarro de leche, y la ilusión de una democracia pintada. Me gusta llamarlo, la convención de la butifarra. Carajo, una chicha y un sánguche para todo el que vote por mí. Y cuando termine, cómo no, un buen trago sacaronchas. Y que viva el Perú mis cuates. Pero no, en el fondo, algunos sabemos que eso no es democracia: Es NEO FEUDALISMO. El tratado implícito de una sociedad hija de la ignorancia y el egoísmo. El resultado de pagar con "X" en el cuadro un producto etiquetado llamado presidente. La solución ficticia a tus tripas comiéndose unas a otras.

A todo esto, a un grupete de políticos e intentos de ciudadanos, intentos y no logros porque la sociedad neo feudal se los impide, se les ocurrió una nueva idea ¡A la M#$"% con la "democracia" representativa! ¡A la hoguera la dictadura del televisor! Las leyes impuestas ¡A la horca! Lo que a mí me da la gana es la democracia PARTICIPATIVA. Y aquí viene el rollo. Si ya llegaste a este punto, para qué voltear? ya te soplaste mi discurso.

Y es que, la democracia participativa implica que los ciudadanos tomemos NUESTRAS DECISIONES, por NOSOTROS MISMOS. Chau kilo de arroz y tarro de leche "Gloria". Lo que yo quiero es tomar mis decisiones. Total, soy mayor de edad no? "Mamá! tengo DNI :)". En una democracia participativa, los políticos le temen al pueblo, y deciden delegarles a ellos las decisiones. Claro, siempre hay flojos. Siempre hay un sapo que prefiere tirarse desparramado en su cama y dormir hasta las 3pm en lugar de votar. Y por eso hay alta "ausentitividad" cuando son las malditas elecciones. Pero, ¿En serio queremos a esa clase de flojos tomando las decisiones que afectarán NUESTRO futuro? Yo creo que no. Creo que la votación CONSULTIVA y VOLUNTARIA sería el mejor AUTOfiltro para desarraigar del "derecho" a votación a todo aquel que no merece votar. ¿Qué más da si votan cuatro gatos? Que esos 4 preocupados gatos tomen las decisiones, y destierren a los perros si les da la gana.

la Revocatoria te empodera como ciudadano

La revocatoria es un método de infiltrar temor al político que no actúa motivado por el bien común. Es una amenaza clara: "Si sigues hueveando, te revoco". "Si me estanco en el tráfico, te revoco". "Si mi caño bota agua con mercurio, te revoco". Si mi paciencia se agota, te revoco. Si un gallinazo planea en el cielo enfermo del estómago, y decide caer sobre mi techo para morir y apestar toda mi caza a pavo podrido, entonces (...) te revoco. El político debió preveer que eso pasaría.

Ahora, por supuesto que a tu señor neo feudal no le va a gustar que tomes TUS decisiones, a él le gusta tu fragilidad, tu desinterés, tu egoísmo. Gusta de likear tu "apolítica" en FB. Por eso gritará en cuanto medio posible que la revocatoria es maligna. Que tú tienes el derecho fundamental a ser flojo, y que nadie debería perturbarte de tu sueño manejando un ferrari al amanecer en Hong Kong. Pero no. No carajo, NO. Si no quieres tomar tus propias decisiones, si todavía no cumples la mayoría de edad mental, si votaste por el PPC porque no sabías por quien más votar, entonces no mereces votar. Mejor, quédate en tu casa, sin pagar multa. En una votación consultiva-voluntaria es posible. Pero no me vengas a destruir uno de las pocas iniciativas que intentan instalar una verdadera democracia.

Lo que pretenden los referéndums y las revocatorias es hacer que el político OBEDEZCA al ciudadano, y no al revés. Eso sería una verdadera democracia. Para un griego "el idiota" no era aquel que no entendía que 2+2 era 4 (a ese se le llamaba Diógenes). El "idiota" era aquel saco de grasa primate que decidía no votar porque no le interesaba lo público, lo comunitario, lo que le copete a todos. El idiota es simplemente demasiado egoísta para imaginar un bien común. Él idiota industrial prefiere pasarse la vida detrás de su nueva PC Apple Mac, con procesador Intell y cuadros SPSS. Seguir trabajando para su señor feudal, y que este le obsequie un reloj cuando las canas invadan su cabeza. Así, con el reloj de oro, contará los últimos minutos que le quedan de su desperdiciada vida. Apago las luces. Hasta mañana.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Desarmado


Armando sonrió bajando la mirada hacia el suelo, debajo de aquella luz blanca omnipotente del concurrido centro comercial. Mantuvo esa sonrisa frígida, como una foto congelada que va perdiendo el brillo. No quiso levantar la mirada hacia sus 3 compañeros, risueños, en la puerta de salida. No pasaba nada con Armando: Ese era el problema. Era Armando, tras años de aislamiento intelectual con sonrisas pintadas debajo de su nariz. Armando, o desarmando,comprendió que su lucha, su idealismo, su pasión, no servían de nada en el mundo del neón, de los charcos, de la lluvia ficticia de una ciudad diseñada para ignorarlo. Decidió irse ¿Pero cómo? ¡Qué podía hacer yo contra el monstruo de luces segadoras! Tan segadoras que no cegué porque no tenía ojos, y cuando los tuve fue muy tarde para quedar ciego, como los otros. Armando miró hacia el fondo. Dime que ves. Veo un árbol. Un árbol, nada más, un simple y estúpido árbol. Pero, hermoso. Armando tenía un talento especial. Podía ver la belleza, aún escondida debajo de la rojiza amarillenta luz del bruto tungsteno urbano. Armando no lo entendía aún, pero yo, el árbol, lo llamaba hacia mí. El silencio del parque fue interrumpido por el oxidado ruido del transporte público. Me amenazaba: O corría  o te dejaba. Filosofía combi. 

Un sol cuesta el maldito pasaje, un óvolo para el barquero Caronte. Y aquí otra vez: la maldita filosofía griega sobre mi emplumada cabeza, en una caja que se mueve por el asfalto barato mojado. Entre la crueldad del motor, Armando se aislaba detrás de una gota de garúa. Sentía la brisa de primavera nocturna sobre los cuatro pelos que dibujaban su barba. Bajé, yo y mi tropa imaginaria. Caminaba entre barrios bohemios abandonados y la realidad golpeante de una calle miraflorina. Quizás no entiendas de que hablo, entonces sabes que se siente.

En el techo surrealista, oscuro, soñador y apasasionado; se dibujaban cual lienzo figuras hermosas invisibles que Armando intentaba ver pero no podía. Es lo gracioso de lo invisible: sabes que está ahí pero no puedes verlo. Armando prendió la luz y encendió el parlante. Led Zeppelin era Morfeo en las noches dibujantes. Amaneció entre ese olor a nubes y a madera humedecida por la brisa tímida de la ciudad costera. Para fortuna de Armando, era sábado. A las 9. Escaleras. Bicicleta. Semáforo. El freno. La bocina. Por fin. El parque. Y entonces te vi, estuve ahí todo el tiempo. Yo era el árbol y el árbol era el árbol; y del árbol salía yo. Pequeño intento de hierba emergente de la corteza, abriste los párpados para entender que somos parte de mí.


Con cariño
-El Árbol


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Vuela cerca del sol

Sentado al lado izquierdo del bus, junto a la ventana. La miré entrar por la ventana derecha, volando. Vino hacia mí y se sentó en el marco de la luna que mostraba la difuminada san felipe. Mirándome con sus ojos negros y su cuerpo blando le ofrecí la palma. Sus patitas se subieron y me miró con efímera ternura. Sus alas se alzaron. Adiós hermana mariposa. Mariposa traicionera.

domingo, 28 de abril de 2013

Nieblina, Garúa y Estruendo

La garúa invernal de las noches miraflorinas cargaban de sal las fosas nasales de todos nosotros aquella noche en pie de protesta por la llegada de Loula Da Silva al país. En una 4x4 escoltada de unos incompetentes policías, no tan amigos de la filosofía, se refugiaban 3 ratas calidad de exportación de Brasil. Eran Loula, favre y aquel tirano jefe del partido "Socialista" del imperio afrosudaca. Eramos cerca de 200 indignados, muertos de frío, los que sabíamos por donde tendría que pasar Loula para ir de la embajada de Brasil al nuevo aeropuerto de Punta Negra. El frío y las brisas de la garúa no impedirían que logremos nuestro propósito: impedir el mayor tiempo posible que el dictador pseudo-democrático de Brasil saliera del parque Kennedy. Entonces lo decidí. Armándome de valor trepé, apoyado en los hombros de mis connexos, al techo del oscuro y polarizado automóvil y grité lo más fuerte que pude "Muerte al gobierno". Seguidamente pisé el techo del carro y casi podía ver en mi mente las caras de aterrorizado estrés que tendrían los engordados políticos. La gente comenzó a meser el carro como si fuera la pequeña cuna de la recién nacida motivación de cambiar la democracia supuestamente representativa. 

Finalmente los esclavos de la ley, con sus insignias oxidadas de pintura plateada, aparecieron en la escena. Con sus estúpidos altavoces y su ridícula manera de hablar, intento fallido de un castellano occidental, nos gritaban para que abriéramos el paso ¿En verdad esperan que hagamos eso? ¿Tan subordinados nos creen? ¿Acaso no han escuchado hablar de la psicología inversa? No tenía caso seguir haciéndome preguntas, los policías no procesan con más de 3 neuronas a la vez. La recién creada "guardia estatal", división de la Policía dedicada exclusivamente a la sobonería de nuestros tiranos, había designado a los más corruptos e innecesariamente mecanizados policías del estado. Intentaban abrirse paso con sus motos, sus escudos de plástico, sus balas de goma y sus bombas lacrimógenas. Lo único que lograron fue exacerbar nuestra indignación.

Una oleada de gritos similar a la que grita gol en los partidos de Perú contra Chile se hizo sentir cuando un grupo de activistas nuestros se abalanzó suicida y heroica mente contra los esclavos ciegos de la tiranía. Entonces uno de los nuestros rompió de un golpe el discreto vidrio polarizado de la todo terreno oscura, fue cuando vimos nuestra primera meta alcanzada: Asustar a aquel saco de pulgas que se hacía llamar presidente del Brasil. Toda la cólera reprimida contra nuestro propio opresor con intenciones reelectivas se liberó contra aquel que hacía lo mismo en el vecino país. Lo dejamos al pobre morado como un camote. Luego seguía el mercenario comunicacional. Con él no tuvimos compasión. Mejor no mencionar lo que paso después.

Fotografía del Parque Kennedy al anochecer
Cuando la artillería comenzó, algunos de nosotros se dispersaron. No es cobardía, es el instinto innato de supervivencia, incontenible por algunos. No obstante, otros habíamos adherido a nuestro ser el gusto por la adrenalina. Protestar era casi un deporte extremo con su propia Federación Nacional. Pero cuando aquella piedra me cayó y mi sangre fluía como el Amazonas, no tuve otra opción. Me dirigí entonces por Cantuarias a la bohemia calle Alcanfores, paralela a la Av. José Larco. Si llegaba pronto, quizás un bohemio vendedor de guitarras podría refugiarme en su local. Había tanta gente que correr con un caño rojo en la cabeza dificultaba mi visión. Pronto tropezé y todo se difuminó. Se apagan las luces; viajé al siguiente sueño.


Lo que acaban de leer es a adaptación literaria de un extraño sueño que tuve ayer. Me pareció tan dramáticamente explotable que decidí compartirlo con ustedes. Me gustaría recibir sus comentarios y gracias por su tiempo. Hasta Luego :) 

sábado, 29 de septiembre de 2012

Los Misereables Limeños

     Estaba ahí, Mario, caminando entre los restos de edificios destruidos, cerca a lo que alguna vez fue el Óvalo Gutiérrez, distrito de Miraflores. Caminaba por entre los huecos de la bombardeada avenida que lo llevaban a su casa. De pronto, su edificio, partido a la mitad, se alzó entre el fúnebre paisaje. Quiso llorar, mas, ya nada importaba. La tristeza y el letargo por la partida de Valentina eran tales que opacaban el vacío de ver su hogar arrasado. Valentina ya no estaría más con él. Ella había partido en la madrugada con su padre al Callao. El plan de su padre era zarpar en un pequeño bote pesquero, desde la costa verde miraflorina hasta La Punta, y de ahí, lograr viajar a Chile en algún barco mercante, junto a otros limeños. Solo eso quedaba, barcos mercantes llenos de futuros migrantes, huyendo de los desastres ocurridos y por ocurrir en Lima. Nisiquiera podían viajar vía aérea, pues el aeropuerto estaba fuera de funcionamiento desde hacía 2 días. 



Mario divisó a lo lejos, en la Avenida Arequipa, las barricadas armadas improvisadamente. Él mismo las había fomentado levantar hacía solo unos días. Tenía hambre. Su última comida había sido un turrón de doña Pepa a las 2 am, el cual Valentina le había preparado como regalo. Eran las 10 am. y el plan de Mario ahora era, inconscientemente,  dirigirse por la avenida José Pardo a aquel bar aledaño al parque Kennedy, desde donde sus amigos y aliados inventaban resitir a la policía, o al ejército. Estaba tan conmocionado que nisiquiera sabía contra que o quienes se iría a enfrentar. Inesperadamente, escuchó a una voz familiar gritando "¡Cuidado!". Mario se tiró al piso y una bomba lacrimógena rozó su cabeza. Desde el suelo pudo distinguir a un amigo suyo, Sukadeba, el migrante hindú. Sin embargo, la alegría de ver un rostro conocido se esfumó fugazmente tras notar que este corría hacia él, perseguido por una docenas de policías. Mario agarró una piedra que había caído de su edificio y la arrojó contra uno de los policías. El "tombo" cayó, mismo pino de bolos, al suelo. Luego, corrió hasta agacharse detrás de un carro y Suka, abreviación de Sukadeba, hizo lo mismo unos segundos después. ¿Qué pasó con la trinchera Este, Suka? dime que no cayeron. Suka, luego de calmar un poco su agitada respiración, le dijo que aún no caían pero que no tardarían mucho en caer.

Mario hizo un esfuerzo por despertar, al menos temporalmente, del letargo causado por la tristeza de no volver a ver a Valentina. "¿Cuál es el plan ahora Suka?", dijo Mario. "No tengo idea hue...", respondió este. Mario pensó un par de segundos hasta que vio la segunda lacrimógena volar por encima de sus cabezas. Comprendió que no le quedaba mucho tiempo para pensar. "Mira, corremos hasta el grifo Repsol y agarramos las motos de los serenos (sereno: policía municipal no armada, ausente en líos mayores), luego arrancamos por Angamos hasta la Arequipa y de ahí a la derecha hasta el Kennedy, ¿ya?" ordenó Mario a Suka en menos de 10 segundos. Suka respondió con un simple "te sigo". Los dos corrieron como calandrias asustadas hasta llegar al grifo. Suka gritó. Mario, con su amigo tirado en el piso, ya detrás de la pared, se percató de que su pierna estaba sangrando. Mario nunca había aprendido a manejar una moto y sabía que no lo lograría solo. Sin embargo, no tenía nada que temer, pues aún si sobrevivía, Valentina ya no estaría a su lado. Volvió ligeramente el letargo.
Como Mario no tenía nada que temer, no se rendiría, al menos no por su voluntad. Acercó a Suka un tanque de petróleo y él tomó uno de gasolina. Le pidió a Suka su encendedor. "No moriremos sin pelear" dijo a su aliado. Este asentió con la cabeza. Mario hubiera preferido morir en las barricadas del Kennedy, no obstante, pelear con Suka sería mejor opción que solo. Suka le alcanzó su encendedor con dibujitos y colorinches rasta, Mario se burló ligeramente de ellos, Suka se rio también y, finalmente, subieron al techo del restaurant de al lado. a Mario tuvo que ayudar a Suka, pues este estaba herido. Cuando los "tombos" (policías) los vieron, Suka les dijo "ni un paso más que nos vuelo a todos", haciendo visualizar el tanque. Los policías, cobardemente, retrocedieron un par de pasos. De pronto, Mario, sintió un dolor penetrante en la espalda. Las cosas se comenzaron a oscurecer y sintió el cuerpo caer hacia atrás.

Lo último que vio, antes de llegar a tocar el suelo con la espalda, fue a Suka inclinándose hacia delante. El paisaje se oscureció para mario. Escuchó detonar el tanque. Tocó el suelo con la espalda. Sigue respirando.



Esta historia es solo un capítulo de la gran novela de Víctor Hugo: "Les Misérables" adaptada al contexto de una hipotética Lima en el 2017 junto a algunos elementos añadidos por mí. Todas las escenas, en esta ocasión, transcurren en Miraflores. Sin embargo no será así, necesariamente, en los próximos capítulos. Espero les guste :).